16 diciembre 2016

TIENE QUE LLOVER… ¡A CÁNTAROS!

¿Sabéis eso de que una rana metida en un perol de agua a fuego lento va adaptándose a la temperatura in crescendo del líquido hasta que este hierve y el bicho palma cocidito vivo?
Es decir, que va acostumbrándose al entorno cada vez menos amable hasta que muere por la corrupción del mismo.
Pues bien, es posible que esté en un momento apocalíptico de mi vida y miro a mi alrededor y veo cómo la cosa está cada vez más caliente. Al menos tengo este momento de lucidez y veo claro que la estamos pifiando.

UN MOMENTO DE PATIO
Esto lo pensaba hace días, hoy es diferente, es posible que esté amoldándome a las elevadas temperaturas de mi entorno. Todos lo estamos haciendo.
Y el caso es que no tengo motivos para pensar en catástrofe alguna. He tenido el honor, el privilegio, la suerte, la fortuna (o que la vida y el curro me han llevado a esto) de hacer una preciosa travesía de más de 200 kilómetros entre Denia y Banyeres de Mariola para un trabajillo determinado.
En esta peregrinación he visitado lugares que ya conocía, aunque siempre es un placer ahondar, y otros que he descubierto a golpe de zapato y pupila.
En esto del monte los hay que se sienten libres y saltan y sonríen y dan gracias a dios. Yo creo que es el doble mundo que tenemos. Unos escapan de la olla y van al padel, otros al ‘x-ining’ y otros salimos al monte. Pero todo está conectado y lo que hagamos con un mundo va a salpicar al otro. Pero si ese rato, ese momento de patio, nos ayuda a sentirnos libres, a reirnos y a saltar, pues bendito. Pero que la perola está cada vez más caliente, ¡escúchame, que sí!.

MONTGÓ ASEDIADO: DENIA-GATA DE GORGOS
El primero de los tramos arranca con esta brutal estampa vista desde el Montgó.

Es lo que hay en esa zona. Un entorno castigado por la construcción desmesurada. En cierto modo lo comprendo. Es un excelente lugar para vivir por su paisaje y su clima, entre otros factores. Ahí abajo empecé a ver ranas adaptándose a la cazuela cada vez más caliente.
Pero no me puedo quedar con esto. El Montgó es historia, patrimonio. Allí hay, entre otros tesoros, un lugar llamado la Cova de l’Aigua, que representa la lucha del ser humano por controlar el agua. Ya los romanos dejaron aquí su huella. Viene de largo.

Aunque asediado por el cemento el Montgó es una excelente recomendación, además de por su patrimonio, por su vegetación, sus caras norte y sur, tan distintas, tan bellas, por sus paredones y barrancos, por sus sendas ariscas de lapiaz…
Y tuve la fortuna de patear este lugar un día nublado que me dijo adiós con su gorro de colores.


BUSCANDO EL INTERIOR: GATA DE GORGOS-PARCENT
Esta ruta es como que la rana quiere ir saliéndose de la olla. Se va zafando, se agarra a los bordes y busca el horizonte. Al dejar Gata ya da la sensación de que esto va a ser así. Sigo los rastros de los comerciantes de pasas, creo que circulaban por aquí, y tarde o temprano llegué a la Font de la Mata. Mata llaman al lentisco en muchos pueblos de la zona. Y lentiscos hay muchos por aquí, pero como este, pocos…


Detrás de ese pocito vigila uno de los más brutales que he visto. Dicen que tiene más de 800 años y a saber la de historias que nos puede contar. No es la primera más que respetable planta que me encontraré en mi periplo.
Como he dicho, sigo los rastros de los mercaderes por sendas trabajadas con piedra, antiguas, de las que te llevan donde te tienen que llevar. De las que marcan los lindes de huertos, algunos ya ganados por el monte, y son los más hermosos trayectos entre una y otra población.


Y esta, que alberga un pino con el tronco renegrido del último incendio, que seguramente se salvó gracias a la protección de esos muros, me conduce casi directamente hasta otro de los lugares más bonitos de esta Marina Alta tan controvertida. La senda, más adelante, está cortada por una carretera y continua aplastada por otra. Es ley de historia, los que vienen después acaban con lo que hicieron los de antes. Y, como decía, llego a ese precioso lugar que fue base de la economía de los pueblos de esta zona: La uva, el vino, la pasa…

La ruta me hace atravesar Llíber, Xaló, Alcalalí, Parcent. En ocasiones por el interior de estas localidades, otras por sus contornos. Siempre entre zonas de cultivo verdes y húmedas camino de la que será la siguiente etapa de mi recorrido en la que comenzará la zona más accidentada del viaje.

ROCA, CASTILLOS Y BATALLAS: PARCENT-CASTELL DE CASTELLS
Casi es el momento de dejar atrás los cultivos amables, los caminos llanos y la suave brisa del mar. Los vamos a cambiar por los empinamientos de la cumbre, como decía Milanés. Cómo me gustó cambiar de tercio. Arranco de Parcent y digo, poco a poco, adiós a los bancales amplios de frutos generosos. Sendas empedradas como esta condujeron a los moros a sus estrechas tierras de labranza, y también a sus reductos en aquellos momentos difíciles de reconquista.


Caminos como este los hay por toda la provincia. Este es una buena muestra del trabajazo de aquellos antepasados por llevar sus economías de aquí para allá, de conocer a las mozas de las aldeas vecinas, de huir de sus perseguidores… Hoy conviene saber al recorrerlas todo aquello de lo que fueron testigos esas piedras.
Sendas como esta me llevan al Coll de Rates y al valle vecino donde la Sierra de Ferrer me deja así de fascinado…


Camino apuntando a Castell de Castells por sendas similares. Las nubes gobiernan el cielo esta mañana dando más encanto si cabe al paseo. No veo más que rincones para explorar. Bosques de pino, barrancos y cantiles a los que algún día tendré que visitar. Recuerdo un día que caminando por una de estas sendas me llamó la atención una pieza redondita, del tamaño de la uña de mi dedo gordo (de la mano) que resultó ser un diner valenciano del siglo XVI. Joder, cómo me transporté…


¿A quién se le habría perdido? ¿Comerían sus hijos ese día? ¿A quién tenía que buscar para devolvérsela? La guardo en casa con la idea de hacer justicia en algún momento de mi existencia.
Y sigo recorriendo montañas excelentes. Muy, muy cargadas de historia y recuerdos míos. Montañas rocosas, peladas muchas gracias al fuego del cretino que acelera el proceso de destrucción de las ranas. Y en mi camino atravieso bancales de oliveras recién preparadas para su vaciado. Y esa noche ceno pan tostado con aceite y sal y vuelvo a recordar ese tramo de recorrido, y a saborear el monte una vez más, y a desearlo con todas mis ganas. Y en el fondo de otro valle encuentro Castell de Castells, con sus casitas apiñadas como queriendo darse calor en estos inviernos prácticamente en vías de extinción. Levanto la vista y me excito pensando en el siguiente tramo de mi viaje. Allá, en lo alto de una magnífica peña, me esperan las almas de cientos de desgraciados, o felices, que dejaron sus vidas vigilando, peleando, huyendo, escondiéndose. Yo he sido feliz en esas peñas en las que otros antes dejaron sus vidas.

NOCHES DE LUNA DÍAS DE RESACA: CASTELL DE CASTELLS-CONFRIDES
Por estos lugares no hay lugar para el llaneo. He fichado las empanadillas de guisantes de la pequeña panadería de Castell. Me han dado fuerza para tirar y, sobretodo, un resabor en la gola que no cambiaría por ningún engrudo de alto poder calórico. No tengo que besar a nadie, de momento.
De nuevo avanzo por sendas viejas y gloriosas en busca del generoso collado que se abre al Valle de Guadalest, aunque giro a la derecha en busca del Castellet. Algunas noches con amigos se han quedado allá arriba y en nuestros corazones. Esto es así, a mí no me lo cuentan.
Además de mirar al suelo en busca de menudos tesoros hay paisajes que son peores que la droga. Este es uno de ellos:


A mi juicio es uno de los recorridos más espectaculares de este largo y fatigoso viaje. Obligado por las circunstancias, forzado por el deber, atosigado por las pendientes y casi vencido por el peso de mi mochila, busco la senda que me tiene que introducir en esa canal. Empieza la travesía de la Serrella. No es un nombre muy sensual, como Marilyn, Sigourney o Guillermina, pero no es el nombre lo que me pone. Me refiero a su áspero pellejo, a su pelo aliagoso, a sus protuberancias laterales que te impiden mirar más allá de sus encantos. ¡Diooooooos, que se me va la chola!
Y al llegar a su collado final, a esa curva a la que todos deseamos llegar para descansar abrazaditos a ella, me vuelvo a fascinar con el impresionante tronco de una hiedra milenaria (por lo menos ¿no?, digo yo) que lleva toda la vida creciendo pegada a las paredes de esta hermosa criatura. Creo que la foto refleja claramente las dimensiones y grandiosidad de la planta…

Tenía otra de estas fichada muy cerquita del Coll del Pouet, en el Puig Camapana. Me fascinaba cada vez que pasaba junto a ella camino de la Font de la Solsida. Y recuerdo cuánto lloré el día que la vi calcinada cuando aquel fatal incendio causado por una vencida torre eléctrica. Creo que todo recuerdo puede tener un yin y un yan. Cuando amas, odias tener que dejar de amar. Sí, puedes volver a amar, pero entre amor y amor… ¡quién sabe!. Agárralo por el cuello, sólo te digo eso.
Y como para amar es normal que haga falta un lugar, este puede ser muy bueno. Debajo del Pla de la Casa está la gran roca culpable de que este pico no sea más alto. Seguramente cayó y lo hizo para garantizar buen abrigo a personas y animales. Es otro de los encantos del camino.

Me encantan los agujeros, las cuevas, y sobretodo las que tienen algo que contar. Aquí hay muchas historias acontecidas durante la noche. Yo tengo una. Pero sigo, que el día no dura siempre. Sólo resta atravesar el Contador, que no es poco, y descender el Barranc del Monesillo, siempre fresco y verde, hasta encarar la pista final que llega a Confrides.

AITANA, ESTE SI QUE ES SENSUAL: CONFRIDES-SELLA
Seguro que hay alguna Aitana en tu vida. De cine, la vecina, la novia de un colega. Para mí Aitana es la montaña. Y la abordo desde Confrides por la Font de l’Arbre, como podía haberlo hecho desde la del Anouer, o la de Partagás, o desde la Font del Pouet de l’Alemany. Después le dedico un apartado a las fuentes.
La cara norte de Aitana es un vergelillo. Allí los días fríos de invierno, nublados, ventosos y desapacibles son realmente satisfactorios. Quizás digo esto porque sé que no es más que una salidita al patio, después siempre volvemos a casa (feliz navidad, por cierto).
De este trozo de mundo traigo esta foto de un precioso tejo, de los pocos y contados con las manos que nos quedan. Un árbol con toda su carga de misterio y leyenda.

Magia, me río yo, que nos pasamos por el forro así de toreramente… “Y dice la leyenda que aquel que ose a cortar una sola rama de uno de estos tejos que conectan la tierra con los espíritus se las verá con el ogro de…” ¡De los cojones!.
Ahora bien, no sé si vendrá el ogro o no, pero si lo hace va a dejar que nos hirvamos vivos en la cazuela en la que nos hemos metido, ¡por retrasados!. Ya está, sin más misterio.
Aitana, cariño, ya estoy contigo. Es lo que me pasa con esta sierra, es un deseo de pura imaginación, es un frotar sin parar, es un inalcanzable, una guinda de nata que jamás me comeré.
La cuerda de la sierra me conduce hasta Tagarina pasando por las resquebrajadas Simas de Partagás, por el Pas de la Rabosa.


Es un filo en cuyo final se adivina el principio, el Montgó, y en cuya trayectoria asoma el atractivo pico de la Bernia. Bonito nombre para un amor que nunca tuve.
Esta etapa del viaje es de pendiente suave, algo arisca de pisar hasta Tagarina y de cantar y pensar hasta el Alto de Sella. Dejo a un lado la malograda Font del Pouet d’Alemany y en el camino sé que a mis pies queda la Coveta d l’Aigua. En mi tránsito van y vienen rincones y momentos, que al fin y al cabo es lo que nos queda.
Al poco de emprender el empinado descenso hacia Sella me doy de morros con otro gigante de mi tierra. En esta ocasión con boina y bufanda, como si tuviese frío la criatura, el Puig Campana se muestra así hoy.

Ni un solo día igual. Cuando no deslumbra por exceso del sol, está colorao de vergüenza por el atardecer; si no lleva gorra, como ahora, lleva bufanda; si no te enseña su espolón te enseña su pedrera; si no la solana, la umbría. Es otra referencia, es una de ‘mis bellas montañas’. Imposible sin ella, o sin él.
Y entre estas piedras llego a otro de los finales-principio de etapa: Sella.

EL PUIG ANUNCIA ALGO: SELLA-LA TORRE DE LES MAÇANES
El descenso hasta Sella es empinado y no todo lo amable que quisiera uno. Aquel día, es uno de esos recuerdos que te vienen al volver a pasar por algún lugar, bajábamos trotando de Aitana. Pasamos por Tagarina. Encaramos la pista. Y a nuestra derecha salía el sol. Íbamos sin mirar al suelo, el Alto de Sella es una pista amiga. Se cargaron las pilas después de toda una noche de trabajo. Las energías necesarias para afrontar esa bajada hasta el pueblo.

Dejo a un lado un valle entrañable. Lleno también de experiencias. Pinto en mi cerebro las mil rutas que he recorrido en él, y repaso las que me quedan por conocer, ¿tendré otra vida, otra posibilidad para hacerlo?, ¿tendremos otra oportunidad antes de que hierva todo esto?, ¿triunfará la sensatez?.
Despego de Sella por la Bassa de Batle. Un camino asfaltado, luego de tierra y después una senda, de nuevo preparada antaño por los amantes de los intercambios culturales de la época. Aparecen valles pequeños, quizás sin nombre. Muchos parecen vírgenes. Me los apunto para explorarlos.
A veces me voy a redescubrir lugares y me callo como un cabrón. Es decirlo, sacarlos en las redes, porque hoy si no te publicas no eres ni haces ni sientes, y malvarlo para siempre. Lo contrario es preservarlo, porque buena parte de los montañeros son de costumbres. Me contaron que hay un tipo por ahí que ha subido más de doscientas veces al Puig Campana. Sin comentarios.
Al cabo de unos pensamientos llego a Relleu, ese pueblo doble de arraigo y casas para recaudar. Así, de lejos, le cuesta a uno separar al viejo del nuevo. Y sólo cuando lo superas, dejando a un lado su ermita y su deshecho castillo…

… encuentras una fascinante estampa de la villa, embellecida al cubo por un Puig Campana de fondo que no es como el que me encontré pasos atrás. Me viene a la cabeza la reflexión de la rana en el agua hirviendo. Parece que él ya sabe lo que va a suceder y comienza a supurar ese fatídico vapor, parece que lo anuncia
Joder, no quiero ser tan derrotista, de hecho no lo soy. Todo lo contrario. Pero hay señales… Al salir de Relleu atravieso el río Amadorio, verde, juncoso, húmedo, fresco… Y seco. Hay cuatro charcos de las recientes –y escasas- lluvias. Mi cpu procesa rápido y me trae imágenes como las de los pantanos de Guadalest y Amadorio, las numerosas fuentes secas que he visto estos días.
-¡Va Jaime!...
-¡Tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover… Tiene que llover a cántaros!
Sí, cuando escuchamos por primera vez esta canción del poetaextremeño Pablo Guerrero yo era un mequetrefe. Fue en 1972 y formó parte de aquel conjunto de canciones que anunciaban un cambio. Necesitamos algo así ahora. Necesitamos que llueva, que limpie, que refresque… ¡que llueva a cántaros, OSTIAS!
Y de los tejados, del campanario siempre por encima de las vidas y de la estrechez de un pueblo mediterráneo, transito lejos y más alto hasta llegar a uno de esos lugares reservados a los curiosos. Y al volver la vista atrás (caminante no hay camino… Gracias maestro) vuelvo a encontrar al guía de pescadores y montañeros al final de un paisaje que estará para siempre en algún rincón de mi olimpo. Me siento hasta quedarme frío, a pesar de la excitación que siento al mirar cada uno de esos pliegues, cada postura sugerente, al ver cómo el movimiento de las nubes da más vida aún a todo esto…


Me tengo que levantar, ya estoy bastante entumecido. Hay que seguir hacia otro lugar, porque se hace camino a andar.

SOBRE EL COLOR Y EL ABANDONO: LA TORRE DE LES MAÇANES-IBI
-Hijo: Papá ¿por qué muchos árboles son verdes y sólo hay uno rojo?
-Padre: Hijo, porque en el contraste está la belleza. Porque la diferencia es necesaria. Porque la convivencia es esencia.
-Padre: Hijo, ¿cuáles te gustan más?
-Hijo: Papá, todos. Porque sin los verdes los rojos no serían tan bonitos.

Salgo de la Torre con el suelo escarchado. Estaba a cuatro grados a primera hora. Avanzo y me voy metiendo poco a poco en la sierra. Esto se quemó hace tiempo pero se está recuperando. Algunos árboles tienen cierta altura, creo que los que sobrevivieron. Pero puedo mirar por encima del hombro buena parte de este paisaje hasta que, con la elevación, empiezan a superarme los pinos y las carrascas.
Como voy solo marco mi paso, procuro ser silencioso y abrir bien todos mis sentidos. A veces me detienen las sensaciones, los impulsos de los sentidos. Y muchas de esas veces es por algo. Un ave, una serpiente que se esconde o, como en esta ocasión, una pequeña manada de cabras que me han sentido antes que yo a ellas. Me detengo, las busco en el destino y las veo trotar. Me agacho junto a una sombra y ellas se paran. El movimiento las alerta. Esta forma de estar marca cada vez más mi acercamiento al entorno.
En mi recorrido por la cuerda de la montaña alcanzo otro trozo de patrimonio, de historia. Es el Pou del Surdo.


En este caso se trata de una pieza exclusiva, recuperada, salvada del calor. Otras, otros pozos de nieve o neveros, se han ido adaptando a los cambios, a la llegada de la electricidad, a la carencia de nieve. Se han amoldado de tal forma que muchos forman ya parte del terreno. Han dado sus muros a la montaña. Entre sus piedras crecen pinos, tejos, fresnos. Se han entregado tanto que acabarán perdiendo su personalidad. Es una forma de dejarse como cualquier otra. Al final sólo serán una poesía escrita en un papel. Nada más.
También ha sucedido esto con muchas masías que fueron importantes, centros de producción, de vida, de amor y odio… Hasta que decayeron. Por alguna causa.


SOBRE LA IMPORTANCIA DEL AGUA: IBI-ALCOI
Para la rana es esencial, su vida. Y su muerte, si seguimos el hilo conductor y su posible desenlace. Lo cierto es que, como para el batracio, para el ser humano es con ella, o difícilmente, o no, si falta.
Salgo de Ibi y primero me encuentro el lavadero de los enfermos, al que le llegaba el agua de segunda mano. Al menos contaban con un espacio para su aseo. Más arriba, más cerca de los nacimientos, el de los sanos. Una estructura preciosa que nos da una idea de la importancia del agua.

Entro en el Barranco de Los Molinos, más vida alrededor del agua. De nuevo es un lugar fresco en el que, como en pocos, corre el agua y crece el culantrillo. En los márgenes abunda la vegetación. En el silencio, se escuchan los pájaros. Y con la paciencia, hasta se podría ver algún bicho acercarse a beber. Pero paciencia y tiempo es lo que menos cultivamos. Tengo que seguir mi camino, siguiendo el curso contrario al del agua que corre por esta acequia excavada en la caliza para ser llevada camino de su máximo provecho.

Hoy sí que está enganchado el tiempo en el Menejador. No me permite ver mucho paisaje, aunque me lo conozco y donde pongo la vista aparecen mosaicos de vegetación, ocres de cultivos entre bosquetes, roquedos allá a lo lejos que canalizan otro curso de agua camino del mar.
Alcanzo el río Polop y patino por las paredes de los Canalons. Ha dejado de llover pero acabo calado por el agua que permanece en la vegetación a la altura de mis piernas. Voy mirando a todas partes. Y cuando rozo e suelo me hago una ensalada con esta y esta otra hierba. Creo que sería capaz de sobrevivir. Y cuando levanto la cabeza me choca la espléndida estructura del Puente de las Siete Lunas…

Me anuncia una importante intrusión humana en el territorio.  Un impacto necesario para el desarrollo de esta especie. Pero este puente es algo más. Hoy también forma parte de la belleza del paisaje, hasta es un elemento más de la naturaleza del lugar, seguramente porque no lo frecuentan los motores. Entro en Alcoi. Y salgo por la puerta grande.

MUJER, TIENES NOMBRE DE MONTAÑA: ALCOI-ALFAFARA
Atravieso el Barranc del Cinc camino de las entrañas de la Sierra de Mariola. La felicidad de sentirme entre sus brazos me lleva contento como un chiquillo camino de sus cumbres. Por donde solía correr el agua ahora hay cuatro charcos de las últimas gotas. Tiene que llover.
Abandono el barranco y giro hacia la cuerda de la sierra y en este andar encuentro una línea demasiado brusca como para ir acostumbrándome a la catástrofe. Las huellas del incendio aparecen de golpe. Asoman los esqueletos de los árboles sobre el horizonte y a sus pies la primera esperanza de recuperación.

Será lenta. Y, según las estadísticas, Murphy y el grado de retraso del ser humano en ocasiones, más rápida la nueva tragedia.
Pero a uno se le van pasando los males conforme sube y sube. Debe de existir una clara relación entre la falta de oxígeno y la felicidad. No sé, la emoción, el paisaje, el bocata de la cumbre, la compañía cuando toca. Algo.
El Montcabrer nos ofrece lo mejor que tiene. Y nosotros lo pregonamos a los siete vientos. Y medimos nuestro éxito en función de los ‘megusta’ que aparecen. Bueno, es bonito también, ¿no? Compartir esa falta de oxígeno.

Paso junto a la seca Font del Pouet, ¡qué triste mare meua!, y busco la umbría de Mariola. Es un descenso atractivo, de ir hablando con uno mismo de sus cosas. Otros buscan respuestas de la vida entre los muros de viejas filosofías. Yo, particularmente, las encuentro en cada paso que doy. En ese árbol, en esa mirada, en ese beso…


Aunque las respuestas las buscamos los unos y los otros en lugares de ensueño, o no. Cosas en común tenemos.
Y después de Agres llega Alfafara. Me quedo tonto  mirando un precioso árbol de caquis que vive en este pueblo camino de la costera con la que comienza la última etapa de mi viaje. Confieso que en una de las anteriores etapas arranqué uno de estos frutos y me lo comí, claro, para qué si no. Cuando veo frutos echados a perder en el suelo pienso que el pecado no ha sido tanto como el de abandonarlos quien se comprometió a cuidarlos.

EL VINALOPÓ, UN EJEMPLO DE SENSATEZ: ALFAFARA-BANYERES DE MARIOLA
También he encontrado en Alfafara un sustituto de la barrita energética en una panadería donde se lo curran bien. Arranco desde la Ermita del Santísimo Cristo hacia el corazón de Mariola. En el camino de nuevo una vieja senda empedrada, de esas que a saber lo que habrán visto. La ruta es empinada de primeras, después más o menos llanea por la sierra entre preciosos bosques de pinos y carrascas. Es un
Y a la altura de la Ermita de Santa Bárbara saludo a este viejo chopo, apuntalado, mimado por las personas de bien que lo han convertido en un monumento a la grandeza de estos seres. De todas formas, se me escapó la foto, al otro lado hay un cartel que dice algo así como “por favor no trepes a mis ramas, soy mayor y necesito cuidados”, siempre la perla a la ‘descerebrez’ de este homo sapiens. A su lado otra fuente seca.

El viaje va terminando. Ya cerquita del final me encuentro con este divino panorama de casa señorial en medio de la pradera con caballo pastando y Peña de la Blasca al fondo. Sé que no pasaré de la Blasca, ni la besaré en este periplo, pero ella sabe que la amo, lo he hecho y me llevo esas caricias allá donde se guarda uno lo mejor de su vida.

Es la casa del Congregat, vigilando sus viñas, la que me da paso al siguiente rincón. No pongo foto, pero imaginaos un pequeño manantial rodeado de vegetación limpia y de un verde vivo reconfortante. Un lugar donde cantan los pájaros y se puede ver lo que hay en el fondo de sus aguas, de claras que están. Incluso se puede beber de allí, y refrescarse. Pero hay que ser extremadamente respetuoso, esto ha costado mucho de conservar, de adecentar, de convertir en lo que todo tendría que ser. Me refiero a la Font de la Coveta, lo que se conoce como el nacimiento del Vinalopó.
Y lo describo con sentimiento entrañable porque allí he pasado noches y días disfrutando con amigos.
Hoy, este lugar es un paraíso, así como lo digo.
Cuando yo era jovencito y lo conocí por primera vez se mantenía en pie a malas penas. Caminabas río abajo y a la altura de la Fábrica de Blanes, a escoasos cientos de metros, aparecía un infierno de aguas sucias, olores repugnantes, maltrato al medio… Aquel lugar era brutal, y a partir de allí el Vinalopó estaba biológicamente muerto…

Ahora quedan las ruinas de aquella fábrica que arrojaba su mierda al río. Se desmoronan minuto a minuto. Sí, es patrimonio que se pierde, historia de la comarca, fuente de recursos para muchas almas del lugar. Para mí aquello era el ácido sulfúrico que mataba la vida al instante. No lloro por este patrimonio. Lo vi ser salvaje y despiadado y no merece mi atención.
Poco más adelante está Banyeres de Mariola. Aquí consideran patrimonio, recursos, historia este tipo de construcciones. Lo que para unos fue vida para otro fue letal. Hoy el panorama ha cambiado y podemos decir que conviven felizmente patrimonio de uno y otro tipo.

FUENTES SECAS:
Antes de cerrar página quería dejar unas fotos de unas cuantas fuentes que he encontrado por el camino. Fuentes que he visto secas por primera vez y responsables de mis amargas reflexiones. Fuentes que me han hecho consciente de que el cambio existe. No sé se si será pasajero o viene para quedarse…

Font del Pouet d'Alemany, Aitana.
Font de l'Arbre, Aitana.
Font de la Cava Arquejada, Mariola
Font del Pla, Mariola.
Font del Pouet, Mariola.
Font del Santuario de Agres, Mariola.
Lavadero de l'Abdet.
La rana vive feliz en su charca. Cada día le falta un poquito de agua, cada día hay menos, y menos, y menos…

5 comentarios:

Demarreitor dijo...

Ha sido un placer disfrutar de la lectura y asomarme a las imágenes...Gracias Jaime

Jose Manuel Domenech dijo...

Brutal Mestre

Fer dijo...

Me ha encantado este periplo por la terreta que tanto amo. Una pena lo de las fuentes, a ver si ayudan las lluvias de este finde. Un abrazo

Juan Esteve dijo...

Espectacualar articulo Jaime, un placer poder disfrutar de tu literatura. Grande. Saludos

Antonio Arias Conejo dijo...

Un placer leerte.